¡Qué mal día!
Aquel día, me desperté con un dolor fuerte de cabeza. Eché una mirada al reloj en la mesilla de noche : eran las 9 de la mañana. Me acerqué a la ventana, descorrí la cortina y vi que la lluvia seguía.
Marqué a la secretaria de la empresa para decirle que no me encontraba bien y no iría al trabajo. Me acosté otra vez. No sabía por qué sentía que una tristeza enorme me rodeaba.
Por la tarde fui al cine a ver una pelicula que resultó muy aburrida. Luego, hice el amor en la casa de mi novio.
Al volver a casa, recibí un mensaje de mi madre, sólo 6 palabras: Tu tía chofi murió esta mañana. No más.
Tía chofi. ¡Cuantos años llevabámos sin mencionar este nombre!.
Poco a poco, la imagen de tía chofi surgió ante mis ojos: Supongo que ella ya tiene sesenta años. Es una mujer trabajadora , modesta y virgen. No se casó toda su vida puesto que se había consagrado a cuidar de mi abuelita. Pero con la muerta de mi abuelita, todo se cambió. Ella no sabía que hacer y ningún hombre quería casarse con ella. Todo el mundo se burlaba de ella y la llamaba solterona. Desde entonces, no teníamos más noticias de ella. Estoy segura de que se sentía tan desolada sin que nadie le hiciera caso, o le ayudara a pasar esquina ni le diera pan. Su familia la abandonó. ¡Nosotros la abandonamos!
Ay, tía chofi, quizá para tí la muerte no sea una cosa mala. Quizá haya de haberse hecho el cielo ahora y un Dios justo y benigno haya de haberte escogido. El mundo que viviste sesenta años es frío y sin piedad.
Que los ángeles te tomen y te conduzcan a la morada de los limpios. Que te cases con un hombre y conozcas los besos y la caricia de hombre. La gente se olvidará al salir de tu funeral, yo no.
—Discúlpame, mi querida tia chofi—Dije en una voz baja a mí misma cuando me salían lágrimas amargas.
La gente sa arrepiente cuando lo pierde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario